viernes, 14 de junio de 2013

AIRE

Aquella tarde otoñal. Gris metalizada como la carrocería de un coche recién salido del concesionario. La tenue luz en el mármol beis de una calle de trazado rectilíneo, escenario de mimos y figuras monocromáticas; paisaje urbano por donde caminan y se entrecruzan personas diversas que olvidan las prisas de las grises calzadas. Recordar ese espacio, aún vivo y vivificante, como un encuentro inesperado con la magia y la ilusión de hacer tangible lo irreal. Sentir la levedad del aire en mitad de la ausencia de los rincones presurosos. Allí en medio, permaneciendo como sombras expectantes ante aquel hombre de mediana edad, ante aquel maestro del violín en cuyos dedos revoloteaban decenas de colibríes inquietos, diminutos y sutiles como brevísimos instantes, unidos en elongadas notas musicales. La fugacidad atrapada, doblegada en nuestros cuerpos, en nuestras mentes demasiado habituadas al latrocinio indolente de las horas diurnas y al estrépito que inunda cada rincón urbano. Algo verdadero y sin nombre emanaba allí mismo, brotando desde un manantial invisible pero intensamente leve. Aire. Bach... Y sentir a continuación que el desaliento perturbador de la rutina y sus miles de filos, que el acoso de la ignominia y las febriles ansias de poder sobre los débiles, que el humillante sometimiento de tantos destinos en manos acaparadoras e insensibles, quedaron disueltos en átomos perdidos entre los ácaros inmundos del suelo; lejos, muy lejos de una verdad inexorable que penetraba en los pulmones a través de los sentidos. En cinco minutos de gloria.

 Escrito por Fuensanta Martín Quero. 

domingo, 3 de junio de 2012

LECCIONES DE VIKTOR FRANKL


Una de las mayores alienaciones producidas en el ser humano  en la historia de la Humanidad fue la que padecieron los prisioneros de los campos de concentración nazis. La persona quedaba relegada no solo a un instrumento para ser utilizado en trabajos forzados y en experimentaciones médicas horrendas, sino  a un objeto destino del sadismo por el sadismo. Viktor Frankl[i] sufrió la maldad atroz en su misma cúspide en aquellos lugares infames. Pero, a pesar del enorme sufrimiento que soportó y del que fue testigo junto a sus congéneres, el horror no pudo anularlo. La máxima alienación -entendida como reificación- a la que puede estar sometido un ser humano se escapaba entre los resquicios más insospechados para los demás. Allá por los rincones recónditos de su mente.

Atrapado entre los muros de Theresienstadt y de Auschwitz, entre otros campos de concentración, transcurrieron los días y los meses y Viktor Frankl, inerme y arrastrado por las circunstancias, fue desdoblándose, sin pretenderlo, en cuerpo y en pensamiento. Su cuerpo era empujado por los acontecimientos aniquiladores de la carne -la inanición, los trabajos forzados, el castigo físico, el hacinamiento, etc.- y de los sentimientos -la humillación, los insultos, la herida moral-, pero su mente transcurría horas y horas más allá de las vejaciones y de la esclavitud, mucho más lejos de las alambradas y de los muros.

Rozando el aire a cada instante, las palabras imaginadas con su joven esposa, aquellas largas y benefactoras conversaciones, no solo eran el calmante que aliviaba el dolor, sino la sangre que alimentaba su famélico cuerpo. No importaba que ella ya hubiera muerto y que posiblemente formara parte de esos amasijos de cadáveres revueltos que colmaban las fosas comunes abiertas como profundas heridas en la tierra que nunca cicatrizarán. Él la sentía cerca y constantemente conversaba con aquella mujer con la que deseaba firmemente seguir el rumbo de un destino compartido bajo el techo de sus pensamientos y de sus fantasías.

La cruel realidad era solo una pantalla que visualizaba de vez en cuando durante breves minutos, a veces cuando algún compañero de fila caía al suelo exhausto y sin vida a pocos metros de él. Seguramente lo miraría, entendería lo que había sucedido y regresaría al mundo feliz de sus interminables conversaciones con su esposa, clausurando la pantalla miserable de lo que en verdad acontecía ante sus ojos con un impulso vital que desde adentro lo conducía por los caminos despejados de su mundo interior.

A Viktor Frankl sus pensamientos, su imaginación, su resiliencia -en términos psiquiátricos- lo ataron al mundo y a la vida, impidiendo que desfalleciera, permitiendo que sus células reinterpretaran una realidad hostil que, de ser absorbida con la crudeza con la que realmente se estaba produciendo, hubiera sido la antesala de la muerte, el corredor de su muerte, con todo un repertorio previo de torturas y crueldades.

Como el junco flexible que se dobla y después vuelve a erguirse, Viktor Frankl hizo frente a la maldad más salvaje. Y lo hizo de la manera más certera que supo: ignorándola, como se ignora a la NADA antes de que ésta te aprisione y te aniquile.




[i] Viktor E. Frankl: Neurólogo y psiquiatra austriaco de origen judío nacido en 1905 y fallecido en 1997. Superviviente de campos de concentración nazis. Varios años después de su liberación, recibió el doctorado de Filosofía y posteriormente impartió clases en la Universidad de Viena y en las Universidades de Harvard y de Stanford, entre otras de Estados Unidos. En su libro más famoso, “El hombre en busca de sentido”, narra y describe sus vivencias en los campos de concentración y plantea la necesidad de dar sentido al sufrimiento y a la vida como mecanismo para resistir ante la adversidad, y de cómo la libertad interior puede elevar al ser humano muy por encima de su destino adverso.


“En otra ocasión estábamos cavando una trinchera. Amanecía en nuestro derredor, un amanecer gris. Gris era el cielo, y gris la nieve a la pálida luz del alba; grises los harapos que mal cubrían los cuerpos de los prisioneros y grises sus rostros. Mientras trabajaba, hablaba quedamente a mi esposa o, quizás, estuviera debatiéndome por encontrar la razón de mis sufrimientos, de mi lenta agonía. (…) El guardián pasó junto a mí, insultándome y una vez más volví a conversar con mi amada. La sentía presente a mi lado, cada vez con más fuerza y tuve la sensación de que sería capaz de tocarla, de que si extendía mi mano cogería la suya. La sensación era terriblemente fuerte; ella estaba allí realmente. Y, entonces, en aquel mismo momento, un pájaro bajó volando y se posó justo frente a mí, sobre la tierra que había extraído de la zanja, y se me quedó mirando fijamente.”  (Viktor Frankl. “El hombre en busca de sentido.”)

Escrito por Fuensanta Martín Quero

viernes, 18 de mayo de 2012

UNA NUEVA ESCLAVITUD

En la revista digital Almiar se ha publicado en el día de ayer "Una nueva esclavitud". Artículo que escribí hace varias semanas como reflexión acerca del estilo de vida actual en las sociedades avanzadas y de los crecientes yugos a los que estamos siendo sometidos los habitantes del "primer mundo", sobre todo a partir de los últimos y convulsivos acontecimientos acaecidos de un tiempo a esta parte en nuestro entorno geopolítico, que dejarán huella, sin lugar a dudas, en la historia de la Humanidad. El enlace es el siguiente: http://www.margencero.com/almiar/nueva-esclavitud/

 
Fuensanta M. Quero

miércoles, 16 de febrero de 2011

MALDITA VIOLENCIA DE GÉNERO

Bien podría llevar por nombre el título de una novela, como por ejemplo A sangre fría, de Truman Capote, pero, desgraciadamente, al igual que ésta, el crimen no tiene su origen en la ficción sino en la más cruel realidad; y el suceso acaecido en la triste y lluviosa mañana de un quince de febrero del año en curso trascendió más allá de las aceras, donde la cotidianidad se rompió en añicos bruscamente, del conocido barrio malagueño de El Palo.

Ella, la víctima, formará parte de un número maldito que cada año ocupa las páginas de los periódicos y las noticias de las cadenas televisivas. Él será uno de tantos desconocidos para la mayoría repudiados por la sociedad, cuya historia futura se cubrirá no demasiado tarde por el velo gris de la indiferencia, excepto para los más afectados. Y de la pequeña… Dejémoslo ahí.

Una vez más la sangre. Una vez más el dolor. Una vez más la iniquidad, las bruscas inclemencias de la maldad y sus graves consecuencias de por vida, de la que se pierde y de las que quedan ahora por rehacer. Y me pregunto, cada vez que hechos como éste nos sorprenden y nos dejan consternados/as cualquier día inesperado, qué pasa por la mente del verdugo, qué pensamientos y retorcidas emociones llevan a traspasar a individuos de apariencia normal esa maldita línea roja de la violencia machista. ¿Cómo es posible esto?

Pensar en un mundo sin violencia parece estar en esa tierra lejana de la utopía que la mayoría anhelamos, pero, puestos a pensar detenidamente, no deja de ser sorprendente que esa violencia se crezca con desmesura dentro de los círculos más próximos de una persona, llevando al maltrato físico y/o psíquico, hasta llegar al acto demoledor de arrebatar la vida de un ser que supuestamente ha sido amado. ¿Es que el amor, cuando se trunca, se transforma en intenso odio que algunas personas no saben dominar? Y ¿por qué son siempre ellos los que actúan así? El trasfondo biológico que nos diferencia a mujeres y hombres probablemente nos lleve a manifestar la agresividad por cauces distintos, pero esto no puede ser la base de actos tan repugnantes realizados por personas cuyo comportamiento resulta normal ante otras, y que se transforma, en cambio, con la que ha sido su pareja, a la que termina despojándola de todo.

En los cimientos de muchos de nuestros actos subyacen valores culturales propios del contexto social amplio en el que estamos inmersos, apenas perceptibles, como órdenes internas que condicionan nuestros objetivos, nuestras opiniones, nuestra manera de pensar, nuestros comportamientos y hasta nuestros gestos. Estos valores, unos más genéricos y otros más específicos, se transmiten de generación en generación a través de cada uno de los emisores que participan de nuestro entorno a lo largo de nuestra vida, llegando a modelar en cierto modo la personalidad de los individuos. Desde esta perspectiva, habría que plantearse si la transmisión de los valores que definen el amor de pareja contiene reminiscencias presuntamente de otras épocas –digo presuntamente porque más bien son evidencias presentes en muchos casos– de sometimiento hombre-mujer y de amor como sinónimo de posesión. No creo que exista un paralelismo, una igual evolución, entre las formas externas modernas de las sociedades avanzadas como la nuestra y el sustrato ideológico-cultural que las sustenta y que, a mi modo de ver, en muchos aspectos como en el tema de la igualdad de géneros –igualdad real, me refiero– está mucho más rezagado, pese a las apariencias. Por ello, a las medidas policiales, jurídicas y asistenciales previstas para casos de violencia machista, habría que sumarles una revisión de los mensajes en profundidad. Redefinir conceptos que atañen a las relaciones humanas más estrechas, en los que queden desterrados para siempre la dramatización de la relación de pareja, que habría que entender como situación coyuntural que puede durar días o toda la vida, según el caso, pero por sí sola, sin condicionantes sociales, sin prejuicios y sin extremismos. Habría que revisar, asimismo, cualquier indicio, por muy insignificante que parezca, que ponga en evidencia el concepto de amor-sumisión y de amor-posesión. No basta, pues, con atacar las evidencias del maltrato, siendo esta batalla hoy por hoy imprescindible, qué duda cabe; hay que abordar, además, lo que debajo de las mismas está impidiendo que definitivamente dejemos de ser testigos de estos crímenes atroces.
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Escrito por Fuensanta Martín Quero.

domingo, 20 de junio de 2010

LECTURA RECOMENDADA: ANTOLOGÍA, de AURORA GÁMEZ ENRÍQUEZ

Aurora Gámez Enríquez, poeta y escritora de Málaga, es socia fundadora de la Asociación de Mujeres por la Literatura y las Artes (ALAS), y presidenta de la misma desde sus inicios hasta la actualidad.

Nació en Coin, pueblo que abandonaría a edades tempranas por circunstancias familiares para vivir en otras ciudades, lo que provocó en ella una añoranza por su tierra natal que se refleja en parte de su obra. Es licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad de Barcelona, y en la actualidad trabaja como educadora de atención social del Instituto Andaluz de la Mujer.

La actividad literaria de Aurora Gámez no se ha centrado exclusivamente en la escritura sino que, además de ésta, ha promovido certámenes literarios, ha estado al cuidado de ediciones de poesía, relatos y novelas en las asociaciones de las que ha formado parte, y ha participado en numerosos recitales poéticos, así como en diversas exposiciones de imágenes y palabras a través de sus poemas, en conmemoración del Día Internacional contra la Violencia Machista y del Día Internacional de la Mujer, siendo la última de ellas la exposición denominada “Librepensadoras: Pictura ut Poesis”, promovida por la propia asociación ALAS en marzo de este año con motivo del Día Internacional de la Mujer. Estas exposiciones forman parte de todo un conjunto de actividades en las que Aurora está involucrada de forma permanente e incansable, como mujer comprometida con la igualdad de géneros y con la lucha contra la violencia machista. Desde esta misma perspectiva ha escrito artículos y ha participado en mesas redondas que la avalan como fiel defensora de sus ideales. Igualmente, ha colaborado con la Cadena Ser de Málaga en los programas Contra-Tertulia y La Firma.

En cuanto a su obra literaria, ha publicado El nogal y el cielo, en la Colección de Poesía Wallada (año 2001), Del azahar era el valle, poemario que se publicó en el año 2003 y que ha sido traducido al inglés en San Francisco en el 2006; Monólogos desde mi balcón, en el libro colectivo Paradojas poco ortodoxas (año 2006); Improvisado espejo, en la Colección de Poesía Wallada (año 2007); Haikus, de nuevo en el colectivo Paradojas poco ortodoxas (año 2007); igualmente es coautora del libro colectivo de poesía Los márgenes del viento (Ediciones Rubeo, año 2010) y, por último, es autora de la Antología poética correspondiente al número 1 de la Colección de Poesía ALAS (año 2009) cuyas inspiradas ilustraciones se las debemos a Javier Gámez Gámez, hijo de la autora.


EL LIBRO: ANTOLOGÍA, (POESÍA DE AURORA GÁMEZ ENRÍQUEZ, COLECCIÓN DE POESÍA ALAS)

Formada por poemas de diez obras que constituyen poemarios o cuadernillos de Aurora Gámez, lo primero que llama la atención es la disposición de los mismos en el libro, obviando el hábito que normalmente encontramos en la mayoría de las antologías de seguir un orden cronológico. La autora, así, ha querido utilizar, a mi juicio, una regla incuestionable que debe regir en cada creación literaria, como es la libertad formal, probablemente, en este caso, buscando la efectividad del texto al engarzar cada pieza en el todo pero, al mismo tiempo, intercalando diferentes modos en cuanto a las formas y los contenidos.

Empezaremos por el primero de los poemarios que aparecen en el libro: Cinco continentes y un género. El tema principal es la mujer, contemplada ésta desde dos vertientes. Por un lado, la mujer vista en su evolución individual de la vida desde el nacimiento hasta la muerte; por otro, la mujer con peculiaridades propias de las distintas zonas del mundo que en el libro se sintetizan en cinco continentes. Son dimensiones diferentes las que se proyectan. El trayecto vital como perspectiva común a todas las mujeres que es parte integrada en el conjunto de la Humanidad, y la consideración de las particularidades que rigen la vida de las mismas en cada lugar del mundo. Ambas dimensiones se unifican para expresar un concepto de mujer universal y peculiar al mismo tiempo, con sus dones -“ébano, miel, nieve/seducen por igual al universo”, son los dos primeros versos con los que abre el libro- y con sus sometimientos -“tiempo que nace para el no ser/dolor, silencio, pobreza extrema”, dirá en el mismo poemario-.

Cinco continentes y un género descansa en una permanente antítesis. Se contraponen las ideas del nacimiento y de la muerte, de los goces y de los sufrimientos, de las luces y de las sombras, de la libertad y del sometimiento, del norte y del sur, de la posesión y de la pobreza, etc. Este continuo contraste es escenario en el que se evidencia con desgarro las servidumbres, la violencia y las desigualdades de las que son objeto millones de mujeres del Planeta. Pero, al mismo tiempo, la autora abre su mirada y se aferra a la esperanza y al horizonte futuro a través de versos como los siguientes: “lo que engendró perdura/crece entre sus iguales/en los queridos seres/senderos donde sus pies hollasen”.

La temática de género es recurrente en Aurora Gámez, como también lo es el amor y el desamor. Así, en Paréntesis, la segunda parte del libro, dirá: “en cada encuentro se despide/viviendo un para siempre que se engarza en su ojal”. Y, como siempre, fruto de su personalidad luchadora, vuelve de nuevo a la esperanza y a la vida, tras la sanación imprescindible de la ruptura que deja paso al amor renovado, expresado en la quinta parte del libro bajo el título Palabra de honor.

El amor por la vida, eje imprescindible del discurso que se desarrolla en esta obra, emerge sin esfuerzo a lo largo de la misma, pero especialmente en Improvisado espejo y en Monólogos desde mi balcón, poemarios en los que cobra especial relevancia lo sensitivo y el goce ante los elementos de la naturaleza como la presencia cercana del mar, las palomas o las flores a las que nombra con nombre propio como si fueran personas que le acompañaran en su vida cotidiana. Y, si bien, en ocasiones dedica una leve mirada a la nostalgia de un pasado reciente, inmediatamente retoma su discurso de exaltación de la belleza y de refugio en la esperanza.

Pero, si los poemarios anteriores brotan fundamentalmente de las emociones, los versos de Haikus blancos y de Seguidillas castellanas, cuarta y sexta parte respectivamente del libro, lo hacen desde la reflexión. Sorprende comprobar cómo desde la brevedad de las estrofas aquí plasmadas y desde la transparencia de sus versos se hilvanan pensamientos profundos que en alguna estrofa traen a la memoria los Proverbios y Cantares de Antonio Machado.

Por otra parte, el componente autobiográfico es otro pilar sustentador de la obra de Aurora Gámez, aflorando con mayor vigor en algunos de sus poemarios. Se percibe especialmente en El nogal y el cielo donde subyace un deseo de atrapar para sí los momentos de la niñez en la que transitaban “sin frontera/los recuerdos felices” en un contexto familiar recordado con añoranza. En esta línea, la tercera parte del libro titulada María y Sebastián son dos poemas escritos a dos sobrinos que viven lejos de ella en EEUU.

Por último, en el poemario Del azahar era el valle la autora desvela su nostalgia por su tierra natal en donde se ubican con autenticidad sus raíces, describiendo mediante el verso popular -como el romance-, que se emplea conscientemente de forma acorde con el contenido, lugares, rincones y personas pertenecientes todos ellos a su historia vivida e interior. Descripciones que se desgranan una a una desde lo sensitivo, desde la exaltación de la belleza exterior como vehículo de expresión de sus propias emociones, traducidas en gozo ante realidades vividas que la autora recupera del pasado para incorporarlas a su mundo presente. Una vez más, la presencia de las flores, que nombra mediante su denominación científica, lo que permite un contraste singular con la versificación popular empleada aquí, incide en la importancia de lo sensorial. Destaca, sobre todo, la flor del azahar, que se repite en diferentes versos de este poemario formando parte, incluso, de su título, como flor donde concentra con gran carga simbólica todas las emociones suscitadas por la recuperación de sus raíces a través de la palabra y de la imagen.

La variedad formal es otra característica de esta obra antológica. Desde el poema breve o extenso, desde el verso medido o libre, desde el haikus o el romance, se refunden la musicalidad de la palabra con su propia transparencia para indagar en las emociones y en lo sensorial, a veces también en la reflexión, mediante epítetos, metáforas, prosopopeyas o simbolismos que, en su conjunto, nacen de lo positivo, de la esperanza, de un optimismo vital -al que yo calificaría además de necesario-, y que Aurora Gámez Enríquez, tanto en su vida como en su obra, sabe transmitir.
(Escrito por Fuensanta Martín Quero)

jueves, 13 de mayo de 2010

¿QUÉ ES LA AMISTAD? (breve reflexión)

Pregunta esta no exenta de infinitos caminos. Para unos/as la amistad es una colección. Así, a secas. Un reunir en la ambigua agenda de la mente un amplio número de gente variopinta, dispersa y diversa, a la que se la etiqueta de amigos/as por el mero hecho de haber compartido escenarios y tiempos. Para otros/as, además de la coincidencia espacial y temporal, se requieren unos mínimos de afinidades en el capítulo de los entretenimientos. Y así, una variedad de matices conforman las opiniones de cada cual en torno a este sustantivo abstracto que, de tan abstracto, se pierde muchas veces por la estratosfera y resulta completamente inasible. Decir que, tal vez, los/las más ilusos/as (¿idealistas? ¿utópicos/as?), aún abrigamos la idea de la amistad como algo que no se queda sólo en las superficies, y la entendemos como un compartir dentro de unos márgenes de sinceridad en los que la comunicación -a los niveles que sea, más supérfluos o más profundos, según el caso y el momento- sea fluida porque se sienta en la base del saber escuchar. (¿Sabemos escuchar las personas a los demás, amigos/as o no?) Así pues, sinceridad y comunicación real son ingredientes imprescindibles para sostener eso que llamamos amistad. Al menos para las/os que pensamos que las palabras no sólo son vocablos o etiquetas que se las pueda usar a gusto de cada cual con ligereza sino que arrastran emociones y pensamientos, la amistad va más allá de un simple título vacío de contenido. Algo habitual en los tiempos que corren es desnudar a las palabras y usarlas como envoltorios preciosos que nada ofrecen.
(Escrito por Fuensanta Martín Quero)

sábado, 24 de abril de 2010

UN MUNDO COMPLICADO



A veces me pregunto por qué el ser humano se obceca en hacerlo todo, o casi todo, complicado y difícil.

En los miles de inframundos que pueblan el globo terráqueo la vida es un lujo. La supervivencia es el objetivo principal, el eje de cuantas acciones, buenas o malas, llevan a cabo las personas. La comida, el agua, la ropa, el cobijo, son sus metas inmediatas y no tan inmediatas. Sus metas para siempre. Y en mitad de esa perenne -¿infranqueable?- salvajada contra seres a los que se les ha robado a priori el derecho de vivir dignamente, surgen y proliferan líderes y grupúsculos en torno de ellos, acaparadores compulsivos de toda materia objeto de su antojo. Personas muy ricas y otras muchas cuyas miras diarias van dirigidas al penoso mantenimiento de su existencia.

Los inmensos inframundos de los países subdesarrollados, y aquéllos otros ubicados en pleno corazón del progreso. Lugares mugrientos donde revolotean mujeres y hombres por detrás de una gran línea divisoria que los aleja de un rumbo definido y cierto, que los estigmatizan como la marca a fuego que identifica al ganado. Gente fuera del comercio, de las buenas apariencias, de los horarios de las comidas, de la bendita rutina -y no tan bendita-, de la certeza de un cobijo estable, del saber indispensable, de las leyes y de la moral. Gente fuera del tiempo. Debajo de cartones o de puentes, en los bancos de cualquier parque, en las esquinas sentados como perros enfermos, en habitaciones hacinadas donde la humedad y la sordidez desmoronan paredes y techos. Pero también, esa enorme masa de gente que, sin estar en el subsuelo desértico de la exclusión, rayan a diario el límite, la frontera que separa la nada de lo mínimo, y que perviven dentro de un débil equilibrio que en cualquier momento puede romperse, en eso que se ha venido en llamar “el umbral de la pobreza”. Ni qué decir tiene las escalofriantes historias de los inmigrantes que desafían las leyes de los océanos en busca de cumplir sus esperanzas en lugares lejanos de los que los vio nacer, para después topar con el desencanto y la desesperación; de los mineros de las oscuras grutas bolivianas; de los millones de niñas y niños explotados en fábricas, minería o agricultura en países en vía de desarrollo; o de las mujeres violadas y de los hombres destrozados a tiros en guerras fratricidas de África. Historias que pueblan la corteza terrestre como interminables púas punzantes y baldías.

En este mundo tan variopinto, de diversidad social tan amplia, también hay sitio para los que, no viviendo en la miseria, depositan gran parte de su tiempo -es decir, de su vida- al servicio de una producción y de unos inconmensurables beneficios ajenos, estatales o privados. La vorágine capitalista impulsada por el Estado comunista de China paradigma una revolución industrial peculiar, al modo de la experimentada en Europa en otras épocas históricas, en la que millones de trabajadoras y trabajadores se ven inmersos en una gigantesca maquinaria que los usa, a cambio de salarios baratos y sin derechos sindicales, en interminables jornadas laborales, despojándolos de su tiempo y de su vida. Pero, aún más cerca, en las sociedades occidentales de nuestro entorno, los desequilibrios siguen produciéndose. Ante un aparente orden en el que la circulación de los recursos parece garantizar el bienestar de las ciudadanas y ciudadanos, una muchedumbre amorfa e inmensamente diversa intenta abrirse paso hacia el oxígeno de la vida. Estrictos horarios, la mayor parte de las veces interminables entre un ir y venir hacia puestos de trabajo que requieren superar a diario la asfixiante odisea del tráfico o de un transporte público saturado; ruidos de motores, de agitación, entre el pálido silencio de rostros ausentes; infinitos quehaceres laborales, larguísimas colas donde la gente espera la ejecución de miles de gestiones absurdas para casi todo, trámites, agendas colmadas de citas, quehaceres domésticos realizados después de largas jornadas de trabajo, convencionalismos sociales que rellenan los escasos huecos de tiempo libre, requisitos miles desde tempranas edades para superar fases de estudios en medio de un enfermizo afán competitivo , obstáculos miles para encontrar un puesto de trabajo en condiciones dignas, trabas miles para muchas personas para llegar a fin de mes… Vida absurda que se convierte en un sumatorio de actos muchas veces absurdos, en la que no se percibe el sol, el aire, el tiempo sin premuras, las sensaciones más elementales y puras de la existencia. Hacer de todo menos vivir. Alejados del contacto con la naturaleza, se reciben los alimentos envueltos en plásticos altamente contaminantes para un mundo abocado al suicidio si nada se hace ya por él, la visión más inmediata es el ladrillo y el asfalto de las vías, la realización personal para muchas personas es el consumo inagotable de productos manufacturados que invaden los cada vez más escasos metros de las viviendas de las ciudadanas y ciudadanos medios. No se muere de inanición, pero tampoco se vive.

Mundo bipolar, donde hay pobres y ricos, donde unos pocos sobreviven ante terribles terremotos en lujosas casas incólumes desde atalayas en las que se observa, como un paisaje lejano e impersonal, el aterrador caos de la muerte y el sufrimiento colectivos bajo las toneladas de escombros; donde la avaricia y la corrupción acaparan muchos bienes y destruyen o subyugan muchas vidas; donde se habla de grandes verdades para contar grandes mentiras; donde nacer es un golpe de suerte o un golpe de mala suerte según dónde y cuándo porque hay cercos, alambradas invisibles -y otras que no lo son- que separan el privilegio de la miseria, el transcurso natural de la vida de la asfixia de las carencias, la lógica de la existencia de la irracionalidad de los sistemas.

A veces me pregunto si algún día cambiará el rumbo de los acontecimientos, si los gobiernos serán capaces de entender que las naciones se componen de personas y no de una masa heterogénea como una enorme nebulosa sin rostro y sin emociones, que la ingente cantidad de leyes y Reales Decretos que promulgan tienen que simplificar la vida y dignificar al ser humano, que las macroeconomías tienen que estar al servicio de los individuos y no a la inversa; me pregunto si los políticos en su conjunto, y si los líderes ideológicos y morales, llegarán a asumir que la elocuencia no está reñida con la verdad y no puede ser vehículo fácil del engaño; me pregunto si los subrepticios grupos de presión dejarán de acosar en los resquicios del poder, si la obsesión por las riquezas dejará de ser una premisa para dejar paso, en cambio, a la distribución equitativa de los recursos del Planeta, si los valores transmitidos en los hogares, en los medios de comunicación y en los grupos sociales, alguna vez asentarán sus cimientos -en términos reales- en el respeto hacia los demás, en la tolerancia, en la igualdad, en la empatía, en la equidad, en la conservación de los recursos y espacios naturales, en la justicia. A veces me pregunto acerca de lo intrincado de este mundo y del porqué el ser humano se obceca en hacerlo todo, o casi todo, complicado y difícil.
(Escrito por Fuensanta Martín Quero)